Monasterio de San Salvador
Monasterio de San Salvador
Monasterio de San Salvador
Monasterio de San Salvador

La fundación de Celanova se identifica con la del monasterio de San Salvador en torno al cual se fue desarrollando el primitivo Vilar.

San Rosendo, obispo de Mondoñedo emparentado con la familia real, decidió fundar un monasterio en las tierras que poseían sus padres y hermanos después de erigir también el monasterio de Caaveiro.  Para ello trajo un grupo de monjes de Santo Estevo de Ribas de Sil poniendo al frente de la comunidad al Abad Franquila bajo la regla de San Benito.

Años más tarde él mismo ingresaría como monje después de renunciar a la Sede Compostelana y de organizar la defensa de Galicia contra los normandos junto al conde Gonzalo Sánchez.

A la muerte del abad Frankila en el año 959 le sucedió en el mando del monasterio hasta su fallecimiento en el año 977.

El esplendor del monasterio comienza pues desde el  momento mismo de su fundación por el apoyo que recibió de la familia de San Rosendo y la protección de los reyes de Galicia, León y Castilla.

El abad tenía los títulos de Arcediano de Celanova, conde de  Bande,  marqués de Sande y capellán de la Casa Real y dominio en más de cincuenta entidades entre monasterios, prioratos e iglesias.

En 1506 se unió a la Congregación de Castilla comenzando  una nueva etapa de gran esplendor.

Era tal la fama del monasterio que Carlos V tenía el proyecto de retirarse a él antes de decidirse por el extremeño de Yuste. En los siglos XVII y XVIII el gran poderío del monasterio se refleja en su fábrica reconstruida en su totalidad.

Con la desamortización, los monjes abandonaron el monasterio y sus bienes fueron desperdigados, quedando la iglesia como parroquial y  las dependencias monasteriales para servicios públicos.  Desde el ano 1869 se cedió una parte a los Padres Escolapios que se dedicaron a la enseñanza hasta el ano 1929.

El monasterio, en su conjunto barroco, está compuesto de la iglesia, dos claustros y las dependencias monacales.

La iglesia, que se comenzó a construirse en el siglo XVII,  sustituyó a la anterior románica  con un primer barroco muy clásico, bajo la dirección de Melchor de Velasco. Tiene planta de cruz latina, con tres naves.

Grandes pilastras sostienen la bóveda de aristas cubriéndose el crucero con una cúpula, obra de Pedro de Monteagudo.

El interior está presidido por el retablo mayor, de gran barroquismo, que ocupa todo  el frente de la capilla con grandes columnas salomónicas y riquísimas labras y retablos de Castro Canseco.

De gran interés  son las urnas que contienen las reliquias de San Rosendo y de San Torcuato así como unos pequeños relieves en alabastro con escenas de la  vida de Jesús.

La sillería baja, atribuida a Castro Canseco, es una extraordinaria obra del barroco gallego. En la sacristía, renacentista, se pueden observar cuadros de la familia de San Rosendo pintados por Gregorio Ferro.

La fachada con grandes columnas y coronada de pináculos fue modificada en el siglo XVIII después de haberse acabado en 1681.

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