Qué hacer si te pierdes en una ruta de senderismo

Empecemos con una verdad universal: a todos nos gusta la idea de la naturaleza. El aire puro, los paisajes impresionantes, el canto de los pájaros… Suena idílico, ¿verdad? Hasta que te das cuenta de que el canto de los pájaros es, en realidad, el grito de auxilio de tu sentido de la orientación, y que el «aire puro» huele sospechosamente a pánico.
(Imagen mental: Tú, rodeado de árboles que parecen exactamente iguales, con una expresión que mezcla confusión, desesperación y un ligero toque de «creo que voy a llorar».)
La cuestión es que perderse en una ruta de senderismo es sorprendentemente fácil. Y no, no es porque seas un inútil con un mapa (bueno, tal vez un poco). Es porque nuestro cerebro, esa maravillosa máquina de procesamiento que nos permite escribir poesía y construir cohetes espaciales, también tiene algunos… fallos de diseño.
El GPS interno: Una reliquia de la edad de piedra
Imagina que tu cerebro es como un smartphone. Tiene un montón de apps geniales: la app de la lógica, la app de la creatividad, la app de la memoria… y luego está la app del GPS. El problema es que esta app no se ha actualizado desde… bueno, desde que nuestros antepasados vivían en cuevas.
Nuestros ancestros no necesitaban saber cómo llegar a la tienda de ultramarinos más cercana. Necesitaban saber cómo encontrar agua, cómo evitar a los depredadores y cómo recordar el camino de vuelta a la cueva. Así que nuestro GPS interno está optimizado para:
- Memorizar puntos de referencia llamativos: Una roca con forma extraña, un árbol particularmente grande, un río…
- Orientarse en relación con el sol y las estrellas.
- Seguir rastros de animales (o de otros humanos).
El problema es que, en un bosque moderno, estos mecanismos son… bueno, un poco inútiles. Los árboles tienden a parecerse mucho entre sí. El sol puede estar oculto por las nubes. Y los rastros de animales… bueno, probablemente te lleven a un nido de avispas, no a la civilización.
La paradoja del excursionista: Cuanto más intentas no perderte, más te pierdes
Aquí es donde la cosa se pone interesante (y un poco cruel). Verás, cuando te das cuenta de que podrías estar perdido, tu cerebro entra en modo «¡ALERTA!». Y este modo de alerta, aunque bien intencionado, a menudo empeora las cosas.
¿Por qué? Porque el pánico nubla tu juicio. Tu cerebro, en lugar de analizar la situación con calma y lógica, empieza a tomar decisiones impulsivas basadas en el miedo. Empiezas a:
- Caminar más rápido: Porque, claro, si te mueves más rápido, seguro que encontrarás el camino correcto antes… ¿no? (Spoiler: no).
- Dudar de tus decisiones: Cada vez que llegas a una bifurcación, te preguntas si tomaste la decisión correcta en la anterior. Y en la anterior. Y en la anterior…
- Ver señales donde no las hay: De repente, cada rama rota te parece una flecha, cada montón de piedras te parece una señal…
(Imagen mental: Tú, corriendo en círculos como un pollo sin cabeza, convencido de que un grupo de ardillas te están indicando el camino.)
Este es un claro ejemplo de cómo un sistema de seguridad (el miedo a perderse) puede convertirse en el mismo problema. Es como si el sistema de alarma de tu coche se activara cada vez que aparcas, haciéndote imposible usarlo.
La guía práctica (y un poco irónica) para sobrevivir al bosque
Vale, ya hemos establecido que perderse es fácil y que tu cerebro no siempre es tu mejor aliado. ¿Qué hacer entonces?
1. La Preparación es Clave (Sí, Ya Sé, Suena Aburrido, Pero Es Verdad).
Antes que salgas, estudia el mapa, la orografía, el recorrido y las posibles variantes.
Lleva siempre contigo: agua de sobra, comida energética, un mapa, una brújula y un teléfono móvil.
Como extra, pero muy recomendable, es un silbato para poder emitir señales de socorro, y un pequeño botiquín.
Y más importamte aún, revisa las previsionas meteorológicas, si se preveen lluvias, mucho calor, nieblas… Evita problemas mayores.
Avisa a familiares o amigos, de a dónde vas y cuándo vas a volver, y déjales una copia del recorrido que vas a seguir.
Si tienes la precaución de usar alguna app para seguir rutas, descárgate los tracks y mapas antes de comenzar, puede que en la montaña no tengas cobertura.
2. Si te pierdes, abraza el STOP (en serio, para).
El acrónimo STOP es tu mejor amigo en una situación de pérdida:
- Stop (Para): Lo primero es parar. Deja de caminar, de correr, de dar vueltas como un loco. Respira hondo. Cálmate.
- Think (Piensa): Analiza la situación. ¿Dónde te encuentras exactamente? ¿Qué recuerdas del camino? ¿Tienes alguna referencia visual?
- Observe (Observa): Mira a tu alrededor. Busca señales, marcas, cualquier cosa que te pueda ayudar a orientarte.
- Plan (Planifica): Decide qué vas a hacer. ¿Vas a intentar volver sobre tus pasos? ¿Vas a buscar un lugar seguro para esperar ayuda? ¿Vas a intentar orientarte con el mapa y la brújula?
3. La tecnología es tu amiga (a veces).
Si tienes cobertura, usa tu móvil. Llama a emergencias, envía tu ubicación, consulta un mapa online. Pero no dependas exclusivamente de la tecnología. Las baterías se agotan, la cobertura se pierde… y entonces estarás peor que antes.
Si tienes descargados los mapas, tu batería se agota lentamente, y no tienes a nadie que te pueda ayudar… No te preocupes, tu móvil aún puede salvarte el pellejo.
La pantalla de tu móvil, puede ser usada para reflejar los rayos de sol, y hacer señales, a modo de espejo.
4. La naturaleza también es tu amiga (Si sabes escucharla).
Aprende a leer las señales de la naturaleza. El musgo suele crecer en el lado norte de los árboles (en el hemisferio norte). El sol sale por el este y se pone por el oeste. Los ríos suelen fluir hacia zonas más bajas…
5. Y si todo lo demás falla… confía en tu instinto (pero con precaución).
A veces, tu intuición puede ser sorprendentemente precisa. Si tienes una fuerte sensación de que deberías ir en una dirección determinada, inténtalo. Pero no te ciegues. Si no llegas a ninguna parte después de un tiempo razonable, vuelve al punto de partida.
El arte de convertir una crisis en una aventura
Perderse en el bosque puede ser una experiencia aterradora. Pero también puede ser una oportunidad para aprender algo sobre ti mismo, sobre la naturaleza y sobre la importancia de estar preparado.
(Imagen mental final: Tú, sentado junto a una fogata improvisada, compartiendo historias con un grupo de rescatadores, con una sonrisa de alivio y una nueva apreciación por la vida.)
La próxima vez que salgas de excursión, recuerda: no se trata de evitar perderse a toda costa. Se trata de estar preparado para lo inesperado, de mantener la calma bajo presión y de convertir un potencial desastre en una aventura memorable. Y, por supuesto, de no acabar siendo la cena de un oso.